LIBERTAD ABSOLUTA DE CONCIENCIA

Nuestros Principios Tradicionales

El Mitraísmo

«En la masonería, estos principios tradicionales se complementan con "principios éticos".»

La masonería tiene muchos principios tradicionales.

Estos principios incluyen el patriotismo, la bondad, la honestidad, la humildad, el respeto, la solidaridad, la lealtad, la independencia, la soberanía, la generosidad, la tolerancia, la paciencia, el amor y la compasión, el compartir y todos los demás valores que han sido pilares fundamentales en el desarrollo de la humanidad.

Patriotismo:

La masonería cumple con las leyes nacionales y desarrolla sus actividades bajo la aprobación y supervisión de las instituciones estatales pertinentes. Los masones siempre priorizan la paz, el bienestar y la prosperidad de su país. Respetuosos de la sensibilidad nacional, comprometidos con la unidad y la solidaridad nacionales, y adhiriéndose a los valores consagrados en las leyes y la constitución de su Estado, salvaguardan la integridad indivisible de su patria. Proteger la reputación y el prestigio internacional de nuestro país es un deber fundamental de los masones, como lo es para todo ciudadano, y esta actitud tradicional, arraigada en la historia, ocupa un lugar muy importante dentro de nuestros principios morales. Un masón es un patriota.

Bondad:

Un masón, bajo ninguna circunstancia, busca su propio beneficio a expensas de los demás. Considera la bondad una parte integral de la búsqueda de una existencia humana y abraza el bien sin esperar nada a cambio como algo natural de la vida. Prefiere seguir haciendo el bien sin mostrarlo a nadie. Cree que no se puede ser perfecto sin ser bueno y se esfuerza por mejorar en este sentido. No divide a las personas en buenas y malas, sabiendo que toda buena persona puede tener defectos que se pueden corregir, así como toda mala persona puede tener un lado que brilla con esperanza y compasión. La tradición masónica no acepta aparentar ser bueno, lucrarse con la bondad ni dañar a otros al hacer el bien. Un masón es benevolente porque se esfuerza por ser humano.

Honestidad:

Un requisito indispensable para la competencia es la autoconfianza, y para ello, uno debe desear sinceramente ser digno de confianza. Sin una autoconfianza integrada con la confianza en los demás, nadie puede vivir en un mundo de honestidad. La mentira es la raíz de todos los males, y la única manera de liberarse de ella es adherirse al principio de la honestidad. Como dice el refrán: «Al que dice la verdad, lo expulsan de nueve pueblos». Sin embargo, defender la verdad requiere valentía. Quien defiende la verdad es intrépido. Resistir con valentía y mantenerse firme en la verdad y la honestidad en situaciones donde otros temen y dudan es una nobleza heredada de la historia por nuestra masonería. Son pocos aquellos cuyos pensamientos, acciones y métodos son correctos, pero solo ellos son los pilares de un futuro próspero. Aunque la carga que llevan los agobie, no se doblegan. Un masón, por respeto a sí mismo, defiende la honestidad.

Humildad:

Un masón no es cobarde, tímido, retraído ni pasivo. Sin embargo, tampoco es ostentoso, arrogante, condescendiente ni paternalista. Un masón se esfuerza por conocerse a sí mismo tal como es y se refleja en los demás tal como es. Busca establecer relaciones con las personas en igualdad de condiciones, con el mismo respeto y una distancia afectuosa compartida. No hiere el orgullo de nadie y muestra a los demás el mismo respeto que desea para sí mismo. No permite ser oprimido ni oprime a otros. Comprende que ser humano significa compartir el respeto sinceramente y en un valor común. La humildad de un masón no significa purificarse de la ambición y las pasiones, ni aislarse de la vida real. Significa cuestionar y vivir la vida al máximo, pero aceptando, tanto intelectual como emocionalmente, que todos los individuos tienen el mismo valor honorable. Un masón es un ser humano y, en el respeto que merece, no es diferente de los demás.

Respeto:

El primer valor que traemos a la vida es el respeto, que compartimos a través de nuestro carácter y acciones positivas. Lo multiplicamos mediante nuestras creaciones individuales. El respeto es un valor que debemos proteger con esmero y, como todo lo valioso, se quebranta fácilmente. No debemos permitir que otros nos traten con falta de respeto ni debemos faltarles el respeto a los demás. El respeto es un don que la vida nos brinda y, al ser compartido, nos impulsa al crecimiento. Cultivar el respeto continuamente requiere cuidar de uno mismo, de los demás, del medio ambiente; en resumen, de la vida misma. Un masón se enfrenta a la vida con respeto porque, al protegerlo, también protegerá su esperanza.

Solidaridad:

Un solo individuo no puede integrarse socialmente. En un mundo desvinculado de la sociedad, donde realidad e imaginación se entrelazan, la verdad es inalcanzable. El conocimiento del universo es inmenso. Ni el individuo ni las doctrinas pueden abarcarlo todo. Compartir es necesario para esclarecer lo desconocido. Esto exige solidaridad. Los seres humanos son tan racionales como emocionales. En los momentos de mayor tensión emocional, a menudo encontramos la fuerza para levantarnos de nuevo en el amor y el apoyo de aquellos con quienes hemos forjado lazos de solidaridad. La solidaridad es un salvavidas, un faro que nos impide perdernos en el universo. Es la fuerza compartida en la cadena de personas unidas lo que mantiene viva la esperanza. La hermandad entre todos los pueblos es el mayor valor compartido que se puede legar al futuro. Los masones se solidarizan, y esta solidaridad no es, como a menudo se cree erróneamente, una solidaridad por dinero, poder o beneficio social, sino un abrazo donde se renuevan el amor, la esperanza y el entusiasmo.

Compromiso:

Al convertirse en masón, se presta un juramento que expresa lealtad a la patria. Es una promesa de defender el honor, mostrar amor al prójimo, ser sincero, cultivar la conciencia y trabajar siempre con abnegación para convertirse en una persona virtuosa. Los juramentos y las promesas nos vinculan. Un masón comprende estos compromisos con la mente, los asume con los sentimientos, los interioriza y se esfuerza por ponerlos en práctica con todas sus fuerzas. Sabe que esta es la esencia de las virtudes humanas. Encuentra fortaleza en el hecho de que no se trata de una dependencia insuperable, sino de un compromiso consciente que se desarrolla y se cultiva. Para perfeccionarse, el masón se mantendrá fiel a la integridad de los principios morales y llevará este compromiso a lo largo de su vida con devoción.

Independencia:

La masonería es nacional. No rinde cuentas a ningún país u organización extranjera. Con esta característica distintiva, derivada de su historia, estructura su propia identidad institucional. La Gran Logia de los Francmasones solo rinde cuentas a la República de Turquía, sus órganos y sus miembros. No recibe órdenes de nadie ni las da a nadie. Protege su independencia respetando las leyes y la independencia de los demás. La independencia exige responsabilidad. La masonería desarrolla el concepto de independencia junto con los conceptos de responsabilidad y respeto.

Soberanía:

Los métodos de trabajo en la masonería pueden variar entre organizaciones. Los masones determinan sus propios métodos y son soberanos dentro de su orden masónica. El Gran Maestro es el representante simbólico del poder institucional. Según una tradición transmitida a lo largo de la historia, el Gran Maestro es soberano de la comunidad, pero es importante recordar que esto se percibe simbólicamente y que el Gran Maestro también está limitado por leyes, estatutos y tradiciones. En la masonería, la soberanía significa mantener voluntariamente la unidad armoniosa.

Ayuda y desinterés:

Un masón debe ser capaz de decir "nosotros" en lugar de "yo" y aceptar el compartir como parte integral de la existencia. Ser autentificado no se trata de dar, sino de enriquecerse con valores mutuos mientras se da y se comparte para dar sentido a la vida. El autentificado trasciende el egoísmo. Alcanza los valores que residen en su propio corazón. El autentificado, en conocimiento, cuidado y amor, es quien se desarrolla constantemente en el camino de la comprensión y la interiorización de las verdades. El desarrollo no tiene fin. El masón sabe que la autenticidad tampoco tiene fin.

Tolerancia:

Como seres humanos, no podemos elegir nuestra raza, religión, lengua materna ni género al nacer. Estas diferencias innatas son decisivas en nuestro desarrollo social y en nuestro proceso vital. A veces, estas diferencias se convierten en oposición, incluso en dogma, y ​​son la causa de todo tipo de conflictos, discusiones e incluso crueldad. De hecho, respetar estos logros culturales que constituyen nuestra riqueza individual, y tratar de comprender al otro en lugar de intentar cambiarlo, propiciará la reconciliación. Al esforzarnos por el crecimiento personal, también debemos intentar coexistir con los demás. El hecho de que la mayoría de las discusiones y desacuerdos entre las personas se prolonguen e incluso lleguen a un punto muerto se debe a que cada uno insiste en sus propias creencias, pensamientos, principios y prácticas, sin dar la debida importancia y valor a los de los demás. En la masonería, la tolerancia es una forma de ser.

Paciencia:

Quien desea madurar y progresar evolutivamente debe saber cómo sobrellevar situaciones que no desea, le disgustan, desaprueba, que le causan angustia o incluso dolor. La masonería aspira a la paz y la felicidad de toda la humanidad. Este no es un ideal fácil de alcanzar. Requiere una esperanza que trasciende la vida humana. Esperar que la humanidad algún día alcance la paz y la felicidad en su proceso de desarrollo es, en sí mismo, una epopeya de paciencia. El masón sabe que la evolución individual no tiene fin y se esfuerza pacientemente por ser cada día más fuerte, más compasivo y más competente.

Amor y compasión:

La única diferencia entre amor y compasión radica en que la compasión requiere ser mostrada unilateralmente a alguien necesitado. Mientras que el amor implica compartir, la compasión, o ternura, se dirige exclusivamente a apoyar a quienes lo necesitan. Su única recompensa es la paz interior que se obtiene al ver feliz al receptor.

El amor, en cambio, es el flujo emocional entre el amante y el amado. Puede ser unilateral o recíproco. El amor, creado mediante el esfuerzo, ofrecido voluntariamente y que transforma las emociones a través de su mera existencia, es uno de los principios más fundamentales no solo de la masonería, sino de toda la experiencia humana. Los masones saben que el amor es un vínculo que cubre todas las imperfecciones.

Compartir:

Los masones adoptan el lema "Libertad, Igualdad y Fraternidad". Partiendo de la libertad, se esfuerzan por comprenderse a sí mismos, a los demás y al entorno con un sentido de responsabilidad. Comienzan con la libertad y alcanzan el desarrollo. Cultivan la igualdad en su conciencia. Saben que para ser humanos, uno debe compartir conocimiento, cuidado y amor. Parten de la igualdad y llegan al compartir.

Integran la fraternidad con el amor. La enriquecen con todos los demás principios morales. Desarrollan la capacidad de vivir juntos en paz. Parten de la fraternidad y llegan a la paz.

Los masones saben muy bien que compartir es el vínculo entre el desarrollo y la paz.

Et al…

El desarrollo humano no ha sido fácil. Entre los obstáculos superados se encuentran nuestros propios dogmas, prejuicios, ambición, odio y falta de amor. El desarrollo es producto de miles de años. En este proceso, todos los valores espirituales que fortalecen a la humanidad, las prácticas que dan sentido a los métodos empleados y todos los logros sociales que mantienen viva la dignidad humana bajo el nombre de virtudes, han encontrado su lugar entre las tradiciones, conformando principios morales.

El proceso de convertirse en humano es, en esencia, la marcha digna y persistente de quien desea desarrollarse, a lo largo de un camino evolutivo que se hace transitable gracias al establecimiento de principios morales.